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Como comprender los caprichos y hacerles frente

Como comprender los caprichos y hacerles frente

Cuando un niño está entre los 2 y los 3 años de edad, es normal que aparezcan los primeros caprichos y berrinches. Todos los niños pasan por esa etapa, y mientras unos no arman mucho alboroto, otros pueden llegar a desbordar a los padres. Es una etapa que a veces no dura más de un año y en otros casos se mantiene durante mucho tiempo como una manera que tiene el niño de reaccionar.

Entender al niño
En primer lugar, es fundamental entender que esta es una época en la que el niño trata de demostrar que ya no depende para todo de sus mayores y que empieza a ser independiente, piensa por sí mismo y en lugar de hacer lo que le dicen, desea hacer lo que él quiere. Así, empieza a aparecer el “no” ante cualquier cosa, incluso las que antes solía disfrutar y aceptar. Así, ahora rechaza cosas por el simple hecho de oponerse.

Como el niño aún no ha aprendido a expresarse, a poner palabras a lo que le ocurre ni a argumentar para convencer al otro, opta por patalear y gritar, quitar las cosas sin permiso o incluso empujar o morder. Y al no tener madurez para saber manejar sus emociones, cuando quiere algo lo exige sin tener en cuenta lo que la otra persona quiere.

En ocasiones, especialmente si tienen sueño o hambre, el niño es más exigente e irritable y lo quiere todo en el momento, sin esperar.

Cómo manejar los caprichos y berrinches
Hay que dejar que el niño libre esa batalla manteniendo el control, pues si accedemos a los caprichos para que se le pase el berrinche estaremos cediendo, y si esto se repite en el tiempo se mantendrá este comportamiento durante años. Al fin y al cabo, si esta estrategia le funciona al niño, no necesitará cambiarla. Nosotros somos los adultos, y quienes debemos enseñarle a explicarse, expresarse y pedir las cosas. Tenemos que explicárselo de forma coherente, de manera que nos pueda escuchar y aprender, y que al mismo tiempo le haga saber que lo entendemos y se tranquilice. Podemos por ejemplo decirle que cuando tenga ganas de jugar con ese juguete que tiene su hermano, le puede preguntar si se lo deja un rato.

Si respondemos con gritos a los pataleos y los chillidos del niño, le estaremos enseñando que cuando algo no le gusta es eso precisamente lo que tiene que hacer, patalear y chillar. Hay que mantener la calma, la conexión y la empatía y hacerle saber que estamos ahí para él. Al no saber cómo expresarse de manera correcta, nosotros debemos ponerle palabras a lo que le pasa, como por ejemplo “Sé que estás enfadado, pero en esta casa no nos peleamos. Se que no te gusta que no te pueda dar lo que me has pedido pero no tienes que gritar así”.

Hay que mantener una rutina estable en las horas de comida y de sueño, con horarios razonables para lo que su edad puede tolerar. Si un niño se ha levantado a las 8 de la mañana, no se ha echado una siesta y a las 9 y media de la noche todavía no ha cenado ni se ha ido a la cama, no sería extraño que durante la noche surja algún berrinche o capricho.

Entendiendo cómo enfrentar los caprichos y berrinches será más fácil que estos comportamientos sean más llevaderos, no duren mucho tiempo, y no se conviertan en la estrategia del niño para conseguir siempre lo que quiere.

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