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Ociofobia: un problema contemporáneo que se vuelve más intenso en vacaciones

Ociofobia: un problema contemporáneo que se vuelve más intenso en vacaciones

En los últimos tiempos la ociofobia, un problema contemporáneo que empezó a ganar terreno sin que nos diéramos cuenta, ha venido a sumarse a la lista de trastornos que causan estrés y ansiedad en las personas, aunque aún no haya sido reconocida de manera oficial.

Y si ya en la rutina diaria supone un problema que aparezca este trastorno (por los fines de semana, puentes y épocas festivas como la Semana Santa o la Navidad), con la llegada de las vacaciones puede ser mucho peor.

Acuñado por el psicólogo españól Rafael Santandreu, este término viene a definir el temor a no tener nada que hacer. Hay muchas personas en la actualidad que sienten ansiedad cuando se ven frente a un tiempo libre, o no planificado, que no saben cómo llenar o que simplemente no tiene por qué ser llenado, así como a los periodos en los que ya han terminado todo lo que debían hacer y sólo tienen ante ellos unos minutos u horas que, según quienes padecen este problema, no les conduce a nada.

Es paradójico que se haya llegado a tener miedo al ocio y el tiempo libre, algo que para nuestros abuelos y padres era un regalo, un merecido reposo y esparcimiento. En lugar de provocar aversión, era algo que se añoraba. Pero parece ser que en la actualidad aburrirse está considerado casi como un pecado capital y eso hace que quienes padecen ociofobia se aterroricen ante la sola idea de aburrirse. No pueden tolerarlo y el pánico se apodera de ellos ya que para ellos la enfermedad no es la ociofobia, sino el perder el tiempo no haciendo nada, lo que les lleva a considerar el tiempo libre una amenaza y desesperarse si no tienen algo que hacer. Es como si un agujero negro los estuviera absorbiendo.

Síntomas
El principal síntoma, como ocurre con otras fobias, es la ansiedad que genera, que al “romper con la rutina” de tener algo que hacer adquiere una gran intensidad. No sólo ante los ratos libres, sino con la llegada de los fines de semana, y especialmente antes de comenzar las vacaciones.

Otro síntoma es la influencia que las ideas o la opinión acerca de la productividad y la eficacia ejerce sobre estas personas, que anteponen los logros a su propia felicidad, de manera que su propio éxito lo miden no en términos cualitativos, sino cuantitativos, y hablan de cuántas tareas han logrado terminar, sin importarles la calidad real de sus resultados.

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