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Las preocupaciones: ¿un aliado, o un enemigo?

Las preocupaciones: ¿un aliado, o un enemigo?

Todos convivimos casi de manera diaria con las preocupaciones, y no lo decimos porque nos pasemos todo el tiempo preocupados sino porque una preocupación por algo o alguien puede surgir en cualquier momento por cualquier motivo. Las preocupaciones ayudan a prevenir problemas, a preparar proyectos, a tener responsabilidad, pero también pueden bloquearnos.

¿Son, entonces, unas aliadas que nos vienen muy bien o son un enemigo del que deberíamos librarnos?

Para empezar, tenemos que ver la palabra de manera etimológica. Así, estar “pre” ocupado es estar ocupado previamente en algo que todavía no ha sucedido. ¿Por qué, entonces “sabemos” que va a ocurrir? Nadie puede adivinar el futuro, verdad?

Pero una vez establecido este punto, que no se pueda adivinar el futuro no significa que no haya que preocuparse por nada. Nuestros instintos nos llevan a analizar de manera racional y emocional (e incluso en ciertos casos de la manera contraria) situaciones que se pueden dar, de manera que en unos pocos segundos podemos tomar una decisión y establecer lo que haremos en cuanto a lo que creemos que ocurrirá. Y esto es algo que nos ocurre automáticamente.

Pero el tomar una decisión sobre el futuro es un proceso en el que también pueden entrar en juego nuestros propios temores, cuyo origen puede estar en nuestras experiencias del pasado, y nos hacen ver esa posible situación de manera distorsionada. Un ejemplo son las personas a las que les resulta difícil confiar en los demás porque en su pasado han sido traicionados por gente cercana que les ha llevado a pensar que “no se pueden fiar de nadie”. Esas personas tienden a pensar que les van a volver a a hacer daño, y no son capaces de abrirse a otros ni de crear lazos emocionales o sentimentales.

La manera en que una persona se preocupa dice mucho de la persona, y al igual que cada persona es un mundo cada manera de preocuparse también lo es. Pero la preocupación más habitual en las personas a las que las preocupaciones afectan a su salud mental y emocional es la de tipo desadaptativo, que es la que se basa en la inseguridad, las malas experiencias pasadas, los traumas y los miedos.

Esta preocupación desadaptativa hace difícil afrontar el futuro, impidiendo que la persona pueda disfrutar de la vida (se equivoque o no) con sus beneficios pero también con sus pérdidas. Y lo hace difícil porque provoca que se generalice en exceso desde un punto negativo, una visión como ya hemos dicho distorsionada en la que el optimismo brilla por su ausencia, y puede hacernos temerosos a la pérdida y suspicaces.

Tenemos que ser conscientes de que la preocupación desadaptativa y excesiva puede hacernos a sentir o sufrir esas posibilidades negativas de antemano, y eso nos provocará un desgaste que nos impedirá tener la creatividad y energía necesaria cuando llegue la hora de afrontar realmente el problema. Esto, obviamente, genera en la persona una ansiedad que no le beneficia en nada.

¿Por qué preocuparse de manera desadaptativa, si es tan perjudicial? Pues por la misma razón por la que se hacen otras cosas que pueden ser perjudiciales, y esta razón es que es algo adictivo. Se tiende a pensar que la sensación de control compensa ese “lado oscuro” y se sigue haciendo, provocando un desgaste mental innecesario y una necesidad de controlar más y más.

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