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Competitividad: si es sana, no es negativa

Competitividad: si es sana, no es negativa

Una de las cosas que la sociedad actual fomenta es la competitividad. En diferentes aspectos de nuestra vida competimos contra otros, o simplemente tratamos de mejorar, sea cual sea la actividad que estemos realizando. Las listas de los mejores del trabajo, de los empleados del mes, concursos en los que participamos, procesos de selección de personal para un puesto de trabajo, sacar mejores notas… la lista podría ser interminable, y es casi imposible librarse de alguno de los anteriores ejemplos.

Y eso continúa siendo así a pesar de que diferentes estudios han demostrado que las actividades en las que las personas colaboran logran mejores resultados que aquellas en las que la gente compite, ya que la suma de la inteligencia de cada uno da forma a una “inteligencia superior” que para una sola persona no es posible alcanzas.

Pero esto último es algo que no se ajusta muy bien a algo que todo el mundo tiene más o menos desarrollado, y que no es otra cosa que nuestro ego. El ego es lo que nos lleva a tratar de destacar,l obtener reconocimiento, sobresalir. Muchas personas buscan el reconocimiento porque necesitan sentirse amadas, y eso les lleva a pensar que la manera de lograrlo es ser el mejor en algo.

Y es que, a pesar de que pueda ser normal y hasta sano y recomendable ser algo competitivo, cuando hay obsesión por ganar a toda costa es cuando la competitividad se convierte en un problema. En primer lugar porque no es posible ganar siempre. En segundo, porque siempre habrá alguien mejor (y antes o después nos lo encontraremos). Y si no podemos aceptarlo, no sólo sufriremos sino que podríamos caer en la tentación de utilizar conductas poco deportivas, como ocurre en algunos deportes cuando un rival echa mano del juego sucio para tratar de tener ventaja, lo que hace que el “ganar porque soy mejor” se convierta en “ganar sea como sea, sin importar los medios.

Hemos puesto como ejemplo el deporte porque es donde probablemente más lo habremos visto, pero también ocurre en otros ámbitos de la vida, en los que se intentan poner trabas a los rivales o incluso a compañeros para lograr el éxito.

Esto no quiere decir que la competitividad sea negativa. Ser competitivos nos ayuda a mejorar, a ponernos a prueba a nosotros mismos y a motivarnos. Por eso se debe fomentar la competitividad sana, entendiendo que es normal que haya alguien que sea mejor que nosotros en ciertos aspectos y que no todo el mundo es igual. Eso no hace que seamos ni peores ni mejores. Más que disfrutar del triunfo, hay que fomentar que sepamos disfrutar el simple hecho de mejorar. De hecho, las personas que más destacan suelen ser aquellas que disfrutan haciéndolo en lugar de disfrutar sólo cuando ganan.

Ese es el verdadero reto: no el ser mejores sino el comprendernos y conocernos mejor a nosotros mismos, a nuestro ego (y saber en qué lugar ponerlo. ), y en saber aprovechar nuestras capacidades y cualidades para hacer cosas que nos hagan sentir felices. Lo que cuenta es conectar con nuestro yo, con quienes realmente somos.

Y eso es algo en lo que sí que muchos de nosotros aún tenemos que mejorar. Para que en lugar de estar atados a lo que nos digan o piensen los demás, cada día seamos más nosotros mismos.

Eso es algo por lo que sí que valdrá la pena competir.

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