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¿Debo terminar con mi pareja?

¿Debo terminar con mi pareja?

Casi todo el mundo ha pasado alguna vez por una ruptura amorosa, ya que es poco habitual que el “primer amor” dure toda la vida. Y el fin de la relación siempre es doloroso, tal vez aún más cuando es uno el que decide romper pero lo va alargando en el tiempo con la esperanza de que todo cambie y mejore. Y cuanto más duradera es la relación, más difícil resulta la ruptura.

Por eso no es raro que haya personas que se preguntan cómo saber si ya no quedan esperanzas y sólo pueden terminar la relación, o cuándo es el momento de ponerle fin.

Pero cada pareja es un mundo diferente en el que no es sencillo generalizar, e incluso en algunos casos hacer puede ser un error. Aún así, hay ciertas preguntas que nos podemos hacer para facilitar la decisión.

¿Se puede solucionar la situación que nos tiene en este punto?
Casi todos los problemas de las parejas pueden tener solución, pero en algunos casos uno de los dos no quiere ni ceder ni dejar a un lado sus valores y sus principios. Esta pregunta nos lleva a la siguiente.

¿Estamos dispuestos ambos a comprometernos y cambiar para superar este bache?
Las parejas son cosas de dos, no de uno solo. Esto no sólo es una obviedad, sino que significa que ambas partes tienen que esforzarse y poner de su parte para que la relación continúe. De no ser así, la situación no se supera, y si uno de los miembros de la pareja no está dispuesto a cambiar difícilmente se podrá resolver el problema. Cuando uno de los sólo da y nunca recibe, los problemas pueden surgir constantemente.

¿Quiero seguir estando dentro de 10 años junto a esta persona?
Tenemos que imaginarnos cómo será el futuro y pensar si queremos que sea esta persona quien esté a nuestro lado y envejezca junto a nosotros. Si la respuesta es negativa, lo mejor es romper antes que que la relación sea aún más duradera y la decisión aún más difícil.

No autoengañarnos pensando que todo volverá a ser igual
Aferrarse a algo que lleva tiempo muerto es algo que ocurre muy habitualmente, y esto sucede porque las personas que lo hacen no pueden admitir su fracaso, temen los cambios o siguen aún enamoradas del otro (entre otras razones). Pero esto hace que se autoengañen fácilmente y piensen que las cosas pueden volver a ser como fueron en el pasado.

Pero cuando se ha llegado al punto en el que se piensa es terminar la relación es porque la herida emocional que existe es muy profunda, y este tipo de heridas son tan difíciles de sanar que lo habitual es que sigan abiertas y puedan supurar con cualquier estímulo. Un ejemplo de esto es el caso de las infidelidades, en las que aunque se perdone el error cometido, la desconfianza está presente en todo momento, y cualquier discusión puede hacer que se eche en cara al otro aquel suceso. Esto convierte la vida en común en un infierno de inseguridad, celos y desconfianza.

Está claro que en estos casos continuar la relación y hacerla más larga es echar sal en la herida y ambos resultan dañados. Por eso, si se decide continuar juntos, hay que ser muy consciente de que las cosas no volverán a ser iguales, ya que eso que se ha roto y ha cambiado va a estar siempre presente aunque se intente ocultar.

No estamos diciendo que sea imposible seguir siendo felices juntos después de que uno de los dos haya cometido un error. Pero hay que trabajar duro para volver a confiar mutuamente, y las dos partes tienen que valorar si están realmente dispuestos a hacer ese esfuerzo o si lo mejor para los dos es romper y empezar una nueva vida separados. Como en todos los casos, en esto también es esencial la comunicación.

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