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El control de la ira

El control de la ira

La ira es algo destructivo y que provoca numerosos problemas. Es capaz de destruir relaciones sentimentales, familiares y enfrentar a las personas. Quienes sufren ataques de ira constantes tienen lo que se llama Trastorno Explosivo Intermitente, que provoca por regla general episodios de frustración antes de la aparición de los ataques de ira.

Normalmente los episodios de ira suelen suceder al sentirse irascible la persona, o bien al percibir que está siendo traicionada o agredida, como ocurre cuando alguien maltrata a una persona porque piensa que le ha faltado al respeto o abusa de alguien que ha cometido un error que no justifica el uso de la fuerza.

La rabia, al igual que otras emociones naturales como el amor, la alegría o el miedo, ayudan a la supervivencia de la especie. Pero cuando el enfado no se puede controlar surge la ira y los excesos asociados a ella, como el rencor y la violencia (ya sea física o verbal). Mientras que la rabia proporciona la agresividad necesaria para que una persona se defienda de un ataque por parte de una persona o animal, la ira por su parte provoca conductas violentas u ofensivas sin un ataque previo, con el fin de castigar, ofender, agraviar o vengarse.

De la misma manera, la ira provoca trastornos físicos y psicológicos en las personas. Los trastornos físicos dañan el sistema circulatorio, incrementan la tensión arterial a límites perjudiciales, causan tensión en los músculos la musculatura y aceleran la respiración. Todo esto afecta a la salud por el estrés extremo que provoca. También provoca trastornos del sueño y perturbaciones en la alimentación y digestión. Todo ello sin olvidar el daño a los demás mediante las agresiones físicas o verbales.

Los ataques de ira se caracterizan por episodios de cólera y violencia, en los que la persona no es capaz de controlar estos impulsos de pérdida de control emocional y mental y ferocidad, insultando a otras personas o causándoles daño, poniendo en riesgo la seguridad de otros, o dañando todo lo que encuentre sin importarle las consecuencias.

El control de la ira empieza cuando la persona es consciente de que hay un problema y decide buscar ayuda especializada. La terapia tiene como objetivo reorganizar la manera de pensar de la persona, aprendiendo a hacerlo desde un punto de vista positivo y dejando de lado la negatividad. El fin es proporcionar al paciente los mecanismos necesario para afrontar los hechos desde la lógica y de manera acorde a su justa dimensión. El paciente aprende a controlar sus emociones permanentemente y eliminar, a base de técnicas de respiración y pensamiento, estos ataques explosivos.

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