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Caer y levantarse

Caer y levantarse

Cuando somos pequeños, a base de caer terminamos aprendiendo a andar. De la misma manera, hay personas que ante las adversidades saber cómo manejar la dificultad con que se encuentran. son personas que cuando ocurre un accidente, un desastre natural o la pérdida de alguien querido logran sobreponerse, reaccionan con rapidez y se enfrentan a la situación para resolver el problema.

Más allá de si esto es algo con lo que se nace o si se aprende, lo cierto es que cualquier persona puede saber ómo enfrentarse de manera adecuada a los problemas y dificultades que puedan aparecer en la vida, siempre que se prepare para ello.

Lo primero que hay que saber es que estas cosas pasan, y que alguna de ellas nos va a tocar a nosotros. Lo normal es que los padres fallezcan antes que los hijos, y lo mismo ocurre con otros familiares de edad avanzada. Las estadísticas demuestran que cualquier persona podría sufrir un accidente o encontrarse en una zona azotada por un desastre natural. Así mismo, nos podemos encontrar con atracos, incendios, agresiones y otras clases de desgracias.

Hay que estar preparado y ser consciente de que al menos alguna de estas situaciones pueden darse en nuestra vida.

Una vez aceptado esto… ¿qué podemos hacer para ser capaces de controlar la emoción que se desborda durante el momento en que ocurre la adversidad?

Lo normal es perder el control emocional al sentirnos paralizados por el dolor o el miedo, que evitan que las personas podamos actuar racionalmente o pensar. Cuando nos enfrentamos a una crisis ocurren millones de descargas eléctricas en nuestro cerebro que toman el control de nuestras neuronas. Es el momento de apelar a la razón y al pensamiento. Para eso tenemos que detenernos todo lo que sea necesario y respirar lentamente (inhalando el aire por la nariz y exhalándolo por la boca).

De esta manera, conseguimos que se paren dos áreas de nuestro cerebro y cese la emisión de impulsos nerviosos incontrolados. Poco a poco, a las neuronas más “calmadas” se van uniendo las que se encontraban “nerviosas” y conseguimos sosegarnos y calmarnos, haciendo que veamos las cosas con más claridad.

Una vez nos hemos despejado, realizamos un diagnóstico de la situación evaluando los agravios, las pérdidas los daños o las incidencias de lo que ha ocurrido.

Por último, hay que finar unos objetivos y planificar la manera de recuperarnos, progresar y mejorar. Una vez hecho, se llevarán a cabo las acciones necesarias para alcanzar esas metas.

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